domingo, 17 de mayo de 2015

Crónicas zombi, Orígenes: Capitulo 26, Gonzalo



CAPÍTULO 26: GONZALO



—Tiene mala pinta, ¿verdad? —susurró Eduardo cuando nos asomamos a través de una rendija de la entrada al chalet para evaluar la horda que teníamos a las puertas.
Sí que la tenía. Por lo menos treinta muertos vivientes de todos los sexos, edades y tamaños rondaban por los alrededores del muro, sin dejar de caminar en ningún momento, pero sin alejarse demasiado tampoco… treinta caras podridas, mutiladas y putrefactas que gemían por lo bajo y arrastraban los pies, llevándose por delante la gravilla y el polvo que el tiempo había depositado sobre el asfalto.
Le hice un gesto para que nos retiráramos. Estar allí mucho rato era una temeridad innecesaria, y llamar la atención de los reanimados era algo que no nos podíamos permitir. La puerta del muro era fuerte, pero ya había visto antes a esos seres aglutinarse contra una entrada y terminar echándola abajo siendo muchos menos.
—No veo perspectivas favorables —le dije cuando estuvimos lo bastante lejos como para que hablar no resultara peligroso—. Son demasiados para salir ahí fuera a matarlos a machetazos, y no tenemos munición para acabar con todos.
—Y aunque la tuviéramos, podríamos acabar atrayendo más del pueblo —opinó él rascándose la barbilla con preocupación—. ¿Alguna idea?
—Sí, mantener controlada a esta gente —sugerí yo—. Ellos también son demasiados, y si llaman la atención de los muertos, aquí se puede producir una masacre.
—Volvamos entonces —propuso—. Estos gemidos me están volviendo loco.

domingo, 10 de mayo de 2015

Crónicas zombi, Orígenes: Capitulo 25, Irene


CAPÍTULO 25: IRENE



Me estremecí, no sabía si por el frío que hacía en aquella sierra o porque notaba la ropa húmeda incluso después de haberla tenido varias horas secándose frente a la hoguera. Desde luego ya no era la sensación de la noche anterior, cuando creí que la hipotermia iba a matarme y viví lo que sin duda serían las peores horas de mi vida, pero todavía tenía frío.
Llevaba caminando un buen rato, a paso lento para no forzar la pierna herida, en dirección desconocida. Sabía orientarme, el sol salía por el este, de modo que estaba caminando en dirección norte, el problema era que no sabía en qué dirección se encontraba el camino más rápido para salir de allí. De todas formas, aquello no eran los Andes, fuera en la dirección que fuera acabaría encontrando una salida tarde o temprano, así que en eso al menos me mantenía optimista.
No podía decir lo mismo de todo lo demás: no tenía nada para comer, beber o defenderme, y por tanto estaba completamente a merced de la madre naturaleza. Por si eso fuera poco, no creía haber salido indemne de mi escarceo con la congelación, y agotada como me sentía tras la noche anterior tenía la sensación de que aunque descansara eso no iba a mejorar… alguna enfermedad se incubaba en mi cuerpo, algo esperable tras el baño en agua helada, y no tardaría en dar síntomas. Lo único que podía descartar era que se tratara de la mordedura de un resucitado, esos, por suerte, no habían llegado a tocarme.
No caminaba muy deprisa también porque intentaba forrajear mientras lo hacía. Ya había pasado más de veinticuatro horas sin comer el día anterior, y no me apetecía repetirlo, así que inspeccionaba cada árbol y cada arbusto en busca de cualquier cosa comestible que pudiera haber en ellos.

Nuevo capítulo

Acabo de recordar que uno de los capítulos de Orígenes III, concretamente el capítulo 22, o segundo del libro, ya había sido subido en parte antes, de modo que, para compensar a los que el día que lo subí por segunda vez se quedaron sin leer casi nada nuevo, esta semana, es decir, hoy, doble capítulo de Orígenes.

Crónicas zombi, Orígenes: Capitulo 24, Gonzalo



CAPÍTULO 24: GONZALO



—Es una buena noticia. —afirmó Ramón empecinándose en defender lo indefendible.
—¿Qué te hace pensar que encontrar gente es una buena noticia? —repliqué yo quitándole el seguro al fusil, preparado por si había que intervenir—. Por lo que sabemos, esos del otro lado podrían ser incluso supervivientes de la secta de Santa Mónica.
—En cualquier caso, no deberíamos discutirlo tan cerca de ellos. —apuntó Diana.
Maite tuvo que taparse la boca para contener un ataque de tos. Después de desmayarse el día anterior, y teniendo en cuenta la camina que nos habíamos pegado, no era de extrañar que no estuviera precisamente mejor de su bronquitis.
—Lo que deberíamos es largarnos de este sitio cuanto antes —insistí—. Esa gente podría ser peligrosa, y nos supera en número por mucho. Además, cualquier reserva de comida que pudiera haber cerca ya la habrán saqueado. Tenemos que volver e intentarlo en otro lugar.
—Ahora no podemos volver —objetó Luis volviendo la vista hacia a Maite—. No va a aguantar otra caminata. Necesita descanso y dejar de pasar frío, o acabará con una pulmonía.
—¡No! —se opuso ella misma—. Gonzalo tiene razón… recuerda esa secta de locos. No podemos fiarnos de nadie.
—Yo estoy con el doctor —insistió Ramón—. ¡Mierda, no pienso volver a ese bosque! Podemos tratar con esa gente, mientras no tengan drones.
—Pues yo creo que deberíamos irnos e intentarlo en otra parte —se me unió también Diana—. Y deberíamos hacerlo antes de que nos vean.
—Creo que eso ya va a ser difícil. —replicó Judit, que miraba hacia la puerta del chalet.

domingo, 3 de mayo de 2015

Crónicas zombi, Orígenes: Capitulo 23, Irene



CAPÍTULO 23: IRENE



Nunca había sido muy aficionada a conducir. Tenía el carnet, por supuesto, pero apenas utilizaba el utilitario de segunda mano que me compré con mi primer sueldo como profesora. En Madrid no lo necesitaba, para ir al colegio o a cualquier parte podía coger el metro, si es que no iba andando para hacer un poco de ejercicio. Una profesora de gimnasia tenía que mantenerse en forma.
Tal vez por ese motivo no me di cuenta de que me había quedado sin gasolina otra vez hasta que el coche entró en reserva.
—¡Mierda, joder! —gruñí descubrirlo.
Aunque mi intención había sido alejarme todo lo posible de Colmenar Viejo, lo cierto fue que tuve que detenerme cuando no llevaba ni media hora conduciendo. La noche era cerrada, las carreteras secundarias sinuosas, porque las principales eran imposibles de transitar, y temí acabar sufriendo un accidente debido a mi escasa experiencia al volante.
Tuve que dormir dentro del vehículo, escondida entre unos arbustos para que ni muertos ni vivos me vieran y pasando un frío de mil demonios por ello. No fue agradable ni cómodo, pero al menos tenía espacio en la parte trasera de la furgoneta para estirarme. Sin embargo, dormí tan mal que apenas comenzó a salir el sol reemprendí la solitaria marcha en busca de todavía no sabía qué.

domingo, 26 de abril de 2015

Crónicas zombi, Orígenes: Capitulo 22, Luis



CAPÍTULO 22: LUIS



El frío era tan intenso que dolía hasta respirar. Por mucho que lleváramos ya prácticamente un mes viviendo así, no llegaba a acostumbrarme a un clima tan crudo como el que estábamos sufriendo los últimos días. El invierno daba sus últimos coletazos con una fuerza inusitada, y que comenzara a nevar estando ya a primeros de Marzo era la gota que colmaba el vaso.
—Pronto subirán las temperaturas. —nos había asegurado Eduardo tres días antes. Pero en lo que respectaba a la predicción del tiempo, no era tan bueno como sí había demostrado en las tareas de supervivencia en la montaña.
Desde que dejáramos la ermita de Colmenar Viejo, y los cuerpos de demasiados amigos en ella tras el sinsentido sufrido por parte de la secta de Santa Mónica, nos habíamos adentrado, guiados por el propio Eduardo, en la sierra de Guadarrama, un parque natural en los límites de la comunidad de Madrid que consideramos lo suficientemente lejos de la civilización como para que los resucitados u otros grupos de supervivientes no supusieran un inconveniente. Pero pronto descubrimos que los muertos vivientes y la gente viva no eran el único problema con el que tendríamos que enfrentarnos, ni mucho menos.
Pese a que Eduardo era un buen cazador, la comida no abundaba, y perdidos en una montaña boscosa las comodidades menos aún. Sin embargo, el frío era el peor de ellos con diferencia. Aunque habíamos conseguido algunos abrigos y material de acampada en casas cercanas al paraje natural, a veces sencillamente no había ropa suficiente en el mundo para entrar en calor… y aquella noche estaba siendo una de las más frías que podía recordar.

domingo, 19 de abril de 2015

Crónicas zombi, Orígenes: Capitulo 21, Irene


CAPÍTULO 21: IRENE



El pánico en sus ojos era a lo que más me costaba acostumbrarme de todo aquello. No era pánico en realidad, había visto miradas de pánico en las películas de terror y no tenían nada que ver con aquello. Yo era profesora de gimnasia, no de literatura, así que no sabía si ya existía, pero sin duda esa forma de mirar necesitaba una palabra mucho peor para definirla.
Sin embargo, todo aquello era necesario, los niños necesitaban comer… yo necesitaba comer. Llevábamos encerrados en el colegio demasiado tiempo, había demasiados resucitados fuera para salir a por comida y no podía desaprovechar la oportunidad de la que disponía cuando el pobre hombre entró buscando refugio mientras intentaba escapar de la ciudad.
—Tienes que entender que no es nada personal —quise disculparme con él, aun sabiendo que por culpa de la mordaza no sería capaz de responderme para condenarme o darme la absolución. Habría podido decir que yo tenía más miedo que él en ese momento, pero sería mentira, prueba de ello era que se había meado encima al verme con el cuchillo—. Yo… si tuviera una alternativa a esto… pero son demasiados días ya.
Los niños estaban en la planta baja, en su aula, entretenidos dibujando sin saber el horror que estaba a punto de desencadenarse en el piso superior, en un aula vacía donde todo estaba ya dispuesto para que el acontecimiento que cambiaría toda mi vida para siempre sucediera.