CAPITULO 10: MAITE
No me importaba lo que hubiera ocurrido
en esa cama antes de que Clara y yo la utilizáramos, solo con sentir un colchón
en mi espalda en lugar de un suelo de tierra, tener un techo que nos protegiera
del frío y saber que ningún resucitado iba a aparecer en mitad de la noche y
lanzarse contra la tienda de campaña era un alivio… y precisamente por eso no
podía pegar ojo.
Mientras mi hija dormía como un tronco a
mi lado, no podía quitarme de la cabeza la locura que habían sido los últimos
días. Habían pasado tantas cosas y había tenido tan poco tiempo para
asimilarlas que me extrañaba no haberme colapsado todavía. Pensaba que al coger
el liderazgo del grupo cuando nadie más podía hacerlo solo tendría que
preocuparme por guiarlos a un lugar seguro y mantenerlos a todos alimentados y
a salvo. Eso era algo que podía hacer, a fin de cuentas era lo que también
quería para mí y para Clara… pero todo se había complicado de manera insospechada.
No solo tenía que alejarlos del peligro, también tenía que protegerlos de ellos
mismos, de sus propias debilidades, de sus propios miedos y de sus propios
traumas. Y por si eso fuera poco acababa de descubrir que también tenía que
protegernos a todos de otra gente.
Aunque despreciaba a Irene y lo que
había hecho con toda mi alma, si no había luchado más en contra de que formara
parte de nuestro grupo era porque en realidad no la consideraba peligrosa; no
era más que una chiquilla estúpida… o al menos eso había creído hasta que murió
Érica.